Mi único y mayor refugio...
Hay canciones que no recuerdo haber buscado. Simplemente estaban ahí, sonando en algún lugar, y de pronto algo dentro de mí se detenía a escucharlas. Desde muy pequeña tuve esa sensación extraña con la música: no era solamente oír una melodía que me gustaba. Era entrar en otro mundo. Un lugar al que nadie tenía que invitarme y en el que, por algunos minutos, todo lo demás dejaba de importar. La música siempre fue mi mayor refugio, mucho antes de que yo supiera que necesitaba uno. Recuerdo, por ejemplo, escuchar de niña una canción de Los Prisioneros. No sé exactamente dónde estaba ni por qué sonaba. Lo que recuerdo es la sensación. Algo en aquella canción me transportaba. Yo podía percibir un sentimiento que todavía no sabía explicar, pero comprendía que detrás de esas palabras existía un mundo interior. Y quería entrar en él. Después llegaron los casetes. Mi mamá tenía uno con canciones románticas y boleros que alguien le había regalado. Allí descubrí músicas que pertenecía...